Juanra Peña

¿Por qué “El Chapo” eligió a Sean Penn?

Sean Penn

¿Qué hizo al gran capo de la droga abrirle las puertas de su vida al actor de Hollywood?

Acabo de terminar de leer el reportaje de Sean Penn sobre su encuentro y entrevista con el líder del cártel de Sinaloa, “El chapo Guzmán”. Hace  años que no escribo de narcotráfico –en mi otra vida de corresponsal-, pero el tema me ha despertado las ganas.  Y, aunque no quiero restarle méritos a Penn, creo que hay plumas bastante más cualificadas que hubieran manejado mejor el asunto.

No es que lo diga yo, que también. La biblia sobre el narco mexicano, el (muy prestigioso) semanario Proceso, principal referencia del periodismo de investigación en México, es contundente: “Ninguna de las 37 preguntas que le hicieron a Guzmán Loera ventila algo que pudiera considerarse importante para que el gobierno mexicano descubra algo que no se conozca sobre el trasiego de drogas de México hacia el mundo entero”.

Cuando Sean encontró a Joaquín

Más allá de una entrevista, el reportaje de Rolling Stone describe la forja del encuentro entre el popular actor y el fugitivo más buscado del mundo. Desde que a Penn se le ocurre la idea, pasando por –en sus propias palabras- el momento en que se le escapa un pedo al despedirse del Chapo.

Que, para quien no lo conozca, es dueño de uno de los imperios de la droga más grandes del mundo, cuya pelea por el mercado ha originado decenas de miles de muertos que ha sufrido México en la última década. Dos veces fugado de la cárcel, siempre con la sospecha de que las autoridades –primero Vicente Fox y después Enrique Peña Nieto- se hicieron pendejas.

Penn da cuenta de un monólogo interno su periplo desde un lujoso hotel estadounidense hasta una “jungla” en algún lugar de México, donde comparte –junto a la también actriz mexicana Kate del Castillo- una cena con el narcotraficante. El encuentro es, da a entender, una prueba para ver si el prófugo lo juzga digno de ser su entrevistador. Cordial, amable, y con las debidas precauciones de seguridad.

Y sí, Penn también tuvo que hacer sus cosas durante el viaje, y contarlo.“Con la polla en la mano, considero que es una de las partes de mi cuerpo vulnerable a los cuchillos del típico narco irracional, y le dedico una afectuosa última mirada, antes de recogérmela dentro de los pantalones”. Gracias, Sean.

Tras el encuentro, y debido a que el cerco de la Marina mexicana –sensiblemente menos corrupta que el Ejército- sobre el fugitivo se estrechaba, la entrevista pactada hubo de postponerse. No obstante, el actor consigue hacerle llegar las preguntas al narcotraficante, y este le devuelve una cinta de vídeo con las respuestas.

Ahí es donde duele. Lógicamente, ni el formato ni la situación ayudan, pero tener la oportunidad de entrevistar al principal capo de la droga del mundo y disparar caricias, en lugar de preguntas, es lo que en mi pueblo se llama una oportunidad desaprovechada. Con todo el respeto a la odisea del actor, su dedicación y su intención. Y con envidia, para qué negarlo.

¿Por qué Sean Penn?

Hugo Chávez y Sean Penn

Según se desprende del reportaje y de las informaciones aparecidas en medios tras la captura del narco hace unos días, “El Chapo” estaría buscando ofrecer una visión más amable de su reinado de terror. Y generar una película sobre su vida que asegurara, vía royalties, la prosperidad de sus íntimos, ante la ola de incautaciones de patrimonio que –apunta Penn citándolo- ha sufrido en los últimos años.

A través de Kate del Castillo, quien interpretó en una telenovela a Sandra Ávila Beltrán, “la Reina del Pacífico” (o del Sur como la noveló Pérez Reverte), el mecanismo se pone en marcha. La actriz escribió en 2012 un mensaje en las redes sociales llamando al Chapo a traficar “con amor”, que al lord de la coca -Joaquín Guzmán Loera- le caló hondo. Penn describe el entramado que, finalmente, le haría llegar al capo su propuesta de entrevista a través de la actriz, con el beneplácito de Rolling Stone (aunque el actor señala en el reportaje que trabaja gratis y se paga su avión chárter; otro favor a la profesión).

¿Cuáles son las razones de que Guzmán Loera accediera a ser entrevistado por el intérprete de “Pena de muerte”? Ahí van unas cuantas suposiciones, además del móvil cinematográfico (seguro ya vio Narcos en Netflix):

Rebelde

Laureado como el gran actor que es, Penn se ha ganado fama de  conflictivo a lo largo de los años, pero también de tipo que no se muerde la lengua, y de activista social. Se reunió en más de una ocasión con el “demonio” venezolano –Hugo Chávez-, Fidel Castro y otros mandatarios mal vistos en general por el estadounidense medio, proporcionó (y proporciona) asistencia sobre el terreno a los damnificados por el terremoto de Haití, y jamás se ha callado sus opiniones políticas. De vez en cuando le ha soltado alguna hostia a un paparazzi, de paso. Él mismo reconoce en el texto que “El Chapo” lo sondea durante la cena para probar su tolerancia a ser “vilificado por asociación”.

Glamour

Nada mejor que suavizar la imagen de quien controla una estructura criminal tan grande que un traguito de glamour hollywoodiense (incluido el espacio latino). En marketing existe lo que se llama el efecto halo: aprovechar la asociación a una característica positiva –normalmente pegada a un rostro famoso- para que el receptor la extrapole al resto del mensaje. Por ejemplo: Antonio Banderas sería capaz de anunciar un perfume hecho a base de excrementos de vaca y arrasar en ventas. Coño, si aquí Penn tiene hasta tiempo para promocionar el tequila del que es imagen Kate del Castillo.

Mediático

Igual que doblar los filmes animados con famosos (Rihanna, etc.) atrae gente al cine, el impacto de que una figura famosa haga la entrevista supone un doble golpe. Entrevistado y entrevistador son dos “celebridades” y la difusión de la charla será, probablemente, más difundida en este caso en el mundo en el que nos movemos y que Vargas Llosa retrata en “La civilización del espectáculo”. Todo es banalizable; todo es algo que sucede en las noticias, a otras personas, lejos de aquí, y que garantiza unos segundos de entretenimiento antes de cambiar de canal.

Drogas y política

La postura de Penn hacia la legalización de las drogas como solución para el sangriento mercado en el que se ha convertido su tráfico le asegura una conversación más cómoda. También ayuda a que el actor no dude en externalizar su postura crítica hacia el gobierno mexicano y sus estructuras, a quien abiertamente tacha de corruptas. Un “enfant terrible” entrevistando a un “chavo travieso”.

Cinco periodistas (y un escritor) que pudieron haberlo hecho mejor

Pero, sin duda, “El Chapo” es consciente que frente a un profesional no dudaría ni dos asaltos.

Por las tablas que el oficio les ha dado a algunos y por el sufrimiento que ha causado el narcotráfico entre el gremio, con decenas de informadores asesinados por hacer su trabajo. “Sólo me defiendo”, llega a decir el capo, que no se define como un hombre violento. Mientras Penn se deja deslumbrar por los carísimos relojes y el perfil educado de los colaboradores del narcotraficante, un informador experimentado ya sabría lo integrado que está ese perfil en el ADN del cartel sinaloense.

Ahí van mis sugerencias:

osornoDiego Enrique Osorno

No sólo porque es autor de “El cartel de Sinaloa”, donde detalla con pelos y señales mucho más de lo que Penn sería capaz de googlear, sino porque se ha forjado una trayectoria envidiable a base de retratar el panorama del México más convulso. De la rebelión de los maestros en Oaxaca en 2006, a los brutales métodos de los Zetas, a la oficina del hombre más rico del mundo, su compatriota Carlos Slim. De premios mejor ni hablamos, que me quiero acostar pronto.

Almazan11-350x325Alejandro Almazán

Conocí a Almazán (creo) en la FIL de Guadalajara cuando hablaba sobre lo putas que lo pasan los periodistas en Sinaloa, con infiltrados del narco en las redacciones y siempre con tres ojos en la espalda. Obvio conoce el terreno y todos los desmanes del Chapo, pero es que encima el cabrón escribe como los ángeles –si fueran sicarios o “plebes”- y domina a la perfección la jerga del submundo. También publicó una novela sobre Guzmán Loera. Recomiendo muy mucho “Entre perros”. Pero mucho.

manos_sucias02José Reveles

Pepe Reveles tiene un aire y una pasión al hablar que pueden referirlo a otro actor de Hollywood, el recientemente organizado J.K. Simmons. Escribió “El cártel incómodo”, donde relata con pelos y señales, el “detrás de cámaras” de ese mundo de encajuelados, decapitados, cuerpos colgando de un puente y su ligazón a los pasillos por donde pasean las corbatas; y (aunque no lo tenía en el radar) “El Chapo: captura y entrega”.  Reportero de raza, es probablemente uno de los hombres que mejor conoce al cártel de Sinaloa.

Anabel-Hernandez1Anabel Hernández

El tocho que tituló “Los señores del narco” lleva la cara de Guzmán Loera en portada y obvio la señora conoce todo lo que hay que saber del capo sin tener que andarse con pendejadas como “qué pedo con tu infancia”. Amenazada cuando lo publicó y supongo que después también, solo este libro tiene datos (de sobra, incluso; cuesta leerlo) para dibujar el contexto en el que nada la “guerra contra las drogas”.

Ediciones-Cal-Arena-retratos-capital_MILIMA20150623_0007_8Héctor de Mauleón

Otro veterano del periodismo mexicano con un pie en la literatura y muy ligado al mundo cultural. Otro que ha sido capaz de construir una gran crónica, “Atentamente, El Chapo”, publicada en su libro “Marca de sangre”. Probablemente de los cronistas más finos del narcomundo mexicano.

1371951019_515197_1371951223_noticia_normalElmer Mendoza

Aunque no es periodista, es escritor, y encima sinaloense, como “El Chapo”; así que no se le iba a escapar una. Mendoza se hizo más popular en España por su amistad con Pérez Reverte que por su obra, pero aún estáis a tiempo de echarle un ojo a sus libros. Es creador del detective “Zurdo” Mendieta, cuyos casos  mezclan el narcotráfico y la novela negra en intrigas norteñas como “Balas de plata”. Si leerle es un placer, oírle hablar con su voz de caramelo líquido que arrastra palabras, bombardeando con ironías entre sonrisas con la virtud de no caer mal, es mejor aún.

Hay por supuesto otros nombres: grandes iconos del periodismo mexicano como Carmen Aristegui, maestros fallecidos como Julio Scherer –que llegó al compadre de “El Chapo”, Ismael “El Mayo” Zambada-, cronistas de pedigrí como John Lee Anderson –acostumbrado a sentarse con dictadores sanguinarios- y plumas amenazadas como Roberto Saviano.

Pero nos tocó Sean Penn.

Algo es algo.

(Desde aquí casi oigo el “¡no mamen!” de Gerardo Tena. Un abrazo en recuerdo de nuestros “viernes de capos”).

ComentariosDeja un comentario

  • Muy buen artículo, con excelentes referencias bibliográficas para aprender sobre el problema del narcotráfico en México. Excelente punto extra incorporar dentro de los posibles entrevistadores del Chapo a los periodistas que fallecieron en esta brutal guerra.
    Sería interesante hacer una lista de las muertes de periodistas asociadas a Cartel de Sinaloa

    • Muchas gracias Teresa. Lamentablemente México se ha convertido en un país muy peligroso para los informadores que tratan ya no sólo narcotráfico sino también la llamada “nota roja”, lo que en España se conoce como sucesos, y que suelen ir de la mano. Es digno de reconocimiento el valor con el que muchos periodistas -sin jet privado ni gastos pagados, todo lo contrario- se enfrentan cada día al oficio más bello del mundo, el periodismo. Saludos.

  • Muy interesante, y me has dejado un montón de ideas para escoger mi próximo libro.
    Por cierto, acabo de descubrir tu página web, me pasaré por aquí de vez en cuando.

    • Gracias Julián, mi meta es actualizarla al menos un par de veces por mes con temas de interés. Creo que aún no he configurado la suscripción vía RSS para recibir las nuevas entradas por correo cuando se publiquen. Si quieres leer una buena novela sobre narco, muy cimentada en hechos reales, te recomendaría “El poder del perro”, de Don Winslow. De los libros que cito en el artículo, “Marca de sangre” me gustó mucho, muy buenas crónicas que ayudan a entender el panorama y a los capos míticos. También “Entre perros”, pero usa mucha jerga y mucho lenguaje propio de México, que puede resultar difícil para un lector extranjero. Es bastante bueno también “Balas de plata”, que mezcla narco y novela noir. Saludos.

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